14 diciembre, 2007

La gallina que se salvó de la muerte.

Érase una vez en un pueblo muy lejano de África, donde a un viejo nigeriano del pueblo de Hausa, que así se llama el lugar donde vive, le encanta contar muchísimas historias. Todas las tardes, camina largos kilómetros para ir a sacar agua del pozo para llevar a su casa y a su regreso, siempre se detiene en una piedra a descansar y pronto todos los niños de su pueblo se acercan y se sientan a su alrededor para escuchar sus bellas historias.

- ¿Qué cuento contarás Bayajida? - gritaba uno de los niños. Y el viejo secándose el sudor de su frente, miró a los niños seriamente y sonrío:

Los niños acostumbrados a su sonrisa, rieron con él y entonces el viejo Bajayida comenzó su historia...

- Ustedes saben que nosotros somos un pueblo de granjeros y agricultores - comenzó Bajayida -.
- ¡Mi papá tiene tres gallinas! - gritó uno de los niños más pequeños.
- Bien - continuó Bajayida-, pues cierto día una de las gallinas picoteaba en el suelo buscando lombrices y pasó un pájaro del bosque quien al observar a la gallina se posó en una de las ramas preguntándole:

- "Gallina ¿Y tú, por qué no vuelas? Al fin y al cabo tú tienes alas igual que las demás aves". A las gallina por supuesto le molestó que aquél pájaro fuera a meterse en sus asuntos y le dijo:
- "¡Anda, lárgate, no tienes nada que hacer aquí! Pero el pájaro continuó hablando:
- "No tardará en asarte muco tu amo. Más vale que te escondas en el bosque."
La gallina no prestó atención a aquellas palabras; pero pronto se enteró de que era cierto que su amo pensaba asarla. Entonces el pájaro le aconsejó:

- "Lo que tienes que hacer es poner un huevo cada día. Si lo haces así, tu amo tendrá qué comer y te dejará viva".
Así lo hizo la gallina, que se saló y quedó muy agradecida al pájaro del bosque por el consejo que le había dado.

Y ahora mis niños, como ustedes están muy agradecidos con mi historia, es hora de dejarme ir a mi casa que me espera mi hija para preparar la comida.

- ¿Mañana nos contarás otro? preguntaron los niños...
- Mañana y todos los días - dijo sonriendo el viejo Bajayida, quién feliz se fue a su casa cargando el agua, mientras los niños jugaban a perseguir gallinas.

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Basado en el Cuento del pueblo hausa, Nigeria.